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Era final del verano de 2025, las lluvias torrenciales descargaron con fuerza en el municipio de Siat. El cementerio sufrió graves desperfectos. Los muros del recinto cedieron y varias sepulturas se agrietaron dejando al descubierto algunas antiguas tumbas.
El encargado del camposanto, Julius, conocido por todos como el enterrador, llevaba más de treinta años cuidando aquel lugar. Antes que él, su padre había desempeñado el mismo oficio durante toda su vida. Julius conocía cada lápida y los inquilinos que la ocupaban. Por eso, cuando el alcalde le pidió que reabriera algunas tumbas para evaluar los daños, no dudó en aceptar
Entre las que tuvo que revisar se encontraba la de un matrimonio del pueblo: Ayax Tudor y Casandra Lear, fallecidos con pocos meses de diferencia en 1949 y 1950. Julius sabía perfectamente que allí no había más restos que los suyos. Su propio padre había sellado aquella sepultura cuando era joven.
Pero al retirar las losas fracturadas y abrir con cuidado, Julius se encontró con algo imposible, varios cadáveres más, yacían sobre los restos antiguos de esa pareja. Además el ladrillo del tabique utilizado para sellar la tumba no era de los utilizados en ese cementerio. Inmediatamente salió al exterior y, con manos temblorosas, sacó su teléfono para marcar el número del sargento Monfort, responsable del cuartel de la Guardia Civil de Siat. ASÍ EMPIEZA ESTA APASIONANTE HISTORIA...

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